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Deleuze ya criticó el modo de vida actual donde se tiende a vivir “la vida de todo el mundo” en lugar de “crear mundo”.

“Tener mundo” para Deleuze no tiene que ver con apropiarse de un territorio sino con crear uno, un territorio deseante, un conjunto de estímulos que ponen la vida en movimiento. Lo que transita por ese territorio tiene que ver con las intensidades que provocan experiencias, intensidades que son capaces de afectar, provocar oscilaciones, desorganizar los territorios subjetivos.

Propiedad privada es poner el cuerpo en casa ajena, desplazarse entre lo íntimo y lo privado en condición de invitado tomando consciencia de los códigos que atraviesan a un cuerpo en el espacio doméstico mientras se trata de generar territorio, un nuevo orden de sentido.

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